[Opinión] Black Mirror y la realidad que nos pasa por encima

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Cuando me enteré del asesinato de Alison Parker y Adam Ward, periodistas de WDBJ7, un canal de Tv de Virginia, en los Estados Unidos, pensé en Black Mirror. Pensé que la realidad siempre se encarga de recordarnos que ella es la que manda y nos llena la cabeza de ideas para escribir ficciones y no al revés.
¿Que es lo que nos lleva a mirar, a no poder dejar de ver *eso* que es una atrocidad? ¿Por qué no importa que hablemos de personas? ¿Tan alejados estamos unos de otros que ver sufrir a alguien en una pantalla nos parece más entretenimiento, más de lo mismo, sin entender -realmente entender- que alguien se murió a manos de otro de manera violenta? ¿Cuánto deshumanizamos a ese otro y cuánto a ese “el que mira”, que somos nosotros mismos?

Videos viralizados. Dolor. Deshumanización. Redes sociales. No poder no mirar. Pantallas y pantallas en sincro reproduciendo lo mismo al mismo tiempo, todo el tiempo. Una. Dos .Diez veces. Lo más visto. Lo más comentado. Compartir vía. Aumentar el tráfico. Reproducir de nuevo. Mirá, se ve justo cuando le entra el tiro en el pecho. Pobre. Dale play de nuevo.

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¿Por qué me refiero a las víctimas por nombre y apellido? Porque el colectivo “periodistas” es demasiado amplio y hablamos de personas que ejercen una profesión, no de cosas. Lo mismo cuando referimos a alguien que murió a causa de esa cosas indefinidas que llamamos “violencia en el fútbol” o “violencia de género”. Solo hacemos una bajada cuando entendemos que esos podríamos haber sido nosotros o alguien que queremos… Si es que la hacemos. Porque si total no tengo nada que ver con el periodismo, no soy mujer, no voy a la cancha, no me expongo, no doy pie a que me pase nada porque me cuido y no salgo de noche y…

Y las cosas pasan igual. Quieras o no quieras.

Tengo un remolino de cosas que quiero decir pero los lugares comunes están ahí, las frases hechas, los prejuicios, los miedos, la desidia, el desinterés. A veces uno se conecta con algo sin saber por qué. Más vale que es más fácil si te quemaste con leche y ves una vaca. Lo que me pregunto es por qué me pega tanto esto, por qué me di asco al encontrarme mirando los videos una y otra vez. El del camarógrafo muerto y el del asesino, el que subió a su cuenta de Facebook. Hasta que me di cuenta que quería contar eso que me estaba pasando, y acá estoy. Porque lo primero en lo que pensé al reconocerme en una actitud que no me gustó, fue en una serie. Y acá hablamos de series y no se trata solo de qué linda la paleta de colores o qué bien actúa este tipo. Al menos no para mí, no para nosotras.

Si nos preguntamos sobre qué nos interpela Black Mirror, es sobre estas cosas. Por qué mostramos el sufrimiento como algo vendible, por qué lo consumimos con avidez, deshumanizando a ese otro que se convirtió en uno más en la estadística y a nosotros mismos. Si perdemos la empatía, la capacidad de reconocer a ese otro como un potencial yo, el horno ya está prendido y solo queda quemarnos.

Pienso en el episodio 1 de la primera temporada, cuando el primer ministro de Inglaterra debe tener sexo con una cerda en cámara para evitar la muerte de la princesa. Veo en mi cabeza a la gente mirando a ese pobre tipo por la tele, por YouTube, al secuestrador, a la víctima (una de ellas). Pienso también en el episodio 2 de temporada 2, cuando una chica corre e intenta escapar de un grupo de personas que quiere cazarla como si fuera un ciervo, mientras la gente (oh, ese colectivo indefinido) filma con el celular en la calle, desde las ventanas, los autos, sin intervenir , sin emitir sonido. Estando sin estar.

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Lejos está de mis intenciones sacar a relucir moralinas que no hacen más que refrendar esto que nos pasa, y que me sale explicar de esta manera: toda esta tecnología nos pasa por encima. No sabemos aún cómo analizar esas nuevas maneras de relación entre personas, que tienen reglas propias y nuevas, que requieren de la creación de conceptos y pensamientos, porque es todo nuevo. Podemos aventurarnos a decir cosas que, por ahí, mañana vuelvan a caer en el saco de las teorías obsoletas, porque la vertiginosidad de este todo nos apabulla.

No digo ni remotamente que las redes sociales son malas, que está mal filmar con el celular y postear en Facebook, que sos mala gente si te quejás de tu jefe en Twitter. Lo que digo -o intento decir- es que el uso responsable depende de nosotros. Nadie nos va a venir a decir qué hacer en qué circunstancias. Si pensamos no solo en nosotros, si levantamos la mirada un poquito nomás, vemos que alrededor hay mucha gente que seguro está en la misma, y que tal vez podamos charlar de esto. Sea en persona, por Whatsapp o chat de Face. El tema es no quedarnos impasibles.

@elledwards

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