Recomendados: House Of Cards

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Si leés que un proyecto va a reunir a David Fincher y a Kevin Spacey, esa dupla que de tanto talento acumulado ya resulta onerosa, te tirás de cabeza. No porque sí, porque Seven. ¿Ya pasaron 18 años de uno de los mejores dramas policiales de los ’90? Wow, cómo pasa el tiempo. La química entre Morgan Freeman y Brad Pitt era genuina: no era una película, realmente eran dos detectives solucionando el caso de uno de los asesinos seriales más jodidos que hubieran existido. No conocía entonces al Asesino del Zodíaco, ni a Manson, menos todavía al ficcional Dexter. Solo a Lecter, que era la marca a batir. Entonces, ¿por qué no apostar por esta serie que tanto prometía en los papeles?
Me gustan mucho los dramas políticos, ya sean estadounidenses, ingleses, canadienses o del Congo, porque me interesa cómo se construye a los sujetos políticos en la ficción. Nunca sé si se basan realmente en cómo son los tipos y las movidas que hacen, si son realmente tan manipuladores, tan basura, tan inescrupulosos, tan “me cago hasta en mi propia familia con tal de obtener lo que quiero” o es una exageración. Tiendo a pensar que tienen razón (más después de ver The Politician’s Husband, también british). 
El fin de semana hablábamos con Julepina sobre House of Cards. Ella me decía que está basada en otra serie, que a su vez está basada en un libro; el último dato lo desconocía por completo. Lo primero no es extraño, ya son varias las remakes que los yankis están haciendo de lo que resulta exitoso/novedoso en las islas británicas (y se siguen sumando más a la lista). Es obvio que la adaptación debía hacerse en tiempo y espacio: la original es de 1990, plena explosión del neoliberalismo. El libro, escrito por un ex jefe de personal del Partido Conservador, de un año antes. Hablábamos sobre los cambios en la tecnología, cómo esta juega un rol fundamental hoy en día en la circulación de la información, ella decía que la imagen de la serie parece “como vieja” y algo de razón tiene. Días después hablamos de la hipermediatización/comercialización de la información y su valor real y simbólico. Comentarlo viene al caso porque de eso trata -en parte- la serie, situada en Washington DC, con base en el Capitolio y a veces en la Casa Blanca.
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Frank Underwood es el personaje principal. Kevin Spacey lo interpreta de manera impecable, sus caras de poker son imposibles de descifrar. Porque es imposible descifrar qué es lo que pasa por la cabeza de Frank. Salvo las ansias de poder, poder y más poder. Tanto que a veces satura. No es posible que todo lo que se ponga en mente se cumpla, sin importar los medios. ¿Usar y traicionar a compañeros de su mismo partido? Dale. ¿A la secretaria privada del presidente? No problem. ¿Transar con multinacionales por atrás del decorado? Pan comido. El maquiavelismo llevado a su máxima expresión en forma de congresista del partido demócrata.
Frank está casado con Claire, Robin Wrigth, reina de hielo por naturaleza. Son un matrimonio perfecto, de un pragmatismo que asusta. Ambos saben qué es lo que quieren, cuál es la meta y cuáles son los precios a pagar con tal de llegar a obtener esa meta. Todo entre ellos (pareciera) estár clarísimo como el agua de la ONG de Claire. Porque ella trabaja, nada de ser una cara bonita al lado en la foto.
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 Todo encaja perfectamente en los planes de Frank, salvo que la promesa del presidente electo de ponerlo como secretario de estado no se cumple y ese hecho desencadena a una bestia política desbocada. Frank carece de escrúpulos. No-le-importa-nada. De nada. Odia a los niños. Usa y tira a la gente como le place en pos de obtener lo que necesita. Y cuando parece que un atisbo de humanidad se asoma, ahí está el ya remanido recurso de romper la cuarta pared y nos explica que no, que él en realidad hace eso porque es lo que hay que hacer, que en realidad el verdadero él necesita eso para sus fines ulteriores, que es todo una farsa.
Hay situaciones previsibles -la relación con la periodista- otras que ni a palos -lo del diputado de Pensilvania-. Y si bien lo previsible lo es, si hay algo que House Of Cards hace bien es engancharte en el relato. Querés saber qué pasa, devorás un episodio tras otro (vi los 13 en 3 días). Lo que no sé es cómo van a hacer para sostener el nivel de intriga y tensión en la segunda temporada, porque lo que se viene es medio obvio. Sin reventar la serie, diré que todo lo malo que a Frank le pase, lo tiene merecido. Porque no es Walter White, no se supo ganar el cariño de los televidentes en ningún momento para hacerlo pelota luego. Ni siquiera lo intentó, agradar nunca fue ni es su intención.
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En el único momento en que lo vemos ser un poco humano es cuando viaja a inaugurar la biblioteca de la que fuera su universidad y se reencuentra con sus ex compañeros. En ese viaje, más allá de los lobbistas y los caretajes, Frank se pone el traje de humano con sentimientos y lo vemos sentir algo que no sea rabia por no obtener su cometido. Lo cual es bastante triste, porque somos testigos de una variedad bastante amplia de situaciones como para llegar a la conclusión que en el único (¿último?) momento en que fue feliz fue hace más de 30 años, en la facultad.
Su esposa es un personaje que no logré comprender sino hasta los últimos 4 episodios. Claire es, si se quiere, mucho más interesante que Frank, más compleja, porque no sabemos qué la mueve. Frank está movido por el poder y le obsesiona llegar a tener más y más poder. Pero a Clarie ¿qué la apasiona? ¿qué le llega? A veces pareciera que se conmueve con cosas pequeñas, otras parece que no, que son tan para cual y así se merecen vivir, rodeados de lujo y con custodios que los odian. Pero Claire tiene un ansia, una necesidad que se niega a sí misma y la está carcomiendo.
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Por último, un pequeño espacio dedicado a las periodistas. Oh, las periodistas de House Of Cards, que duermen en el lugar común más común de todos. Kate Mara como Zoe Barnes, la pobrecita relegada del gran diario que aspira a más y bueno, para ascender hay que hacer lo que haga falta y luego le da culpa/asco/una mezcla de ambas. Tenemos también a la periodista ya curtida que se pone celosa de la piba nueva (Constance Zimmer). ¿Hacía falta poner a las mujeres en esos lugares tan berretas, sexistas y gastados?
Así que como bien dijo mi socia, está bien pero no es una serie que te cambia la vida. Coincido con ella y veré la segunda temporada, porque espero que al menos en la ficción, el hio de puta de Frank se lleve la justicia que merece.
 
Promo House of Cards temporada 1:
By the way: HouseOf Lies le debe mucho a House Of Cards, no sé si la original o el libro, pero por favor cuánto se parece Marty Kaan a Frank Underwood. Y el recurso de hablar a cámara... Pffff.
 
@elledwards para @mehcharlas

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