Crónicas de despedida: Fringe


Predispuse mi sábado de manera que lo central fuera ver la finale de Fringe. Me desperté a eso de las 7.30, puse a andar la tostadora, exprimí unas naranjas y ajusté el torrent a velocidad WARP. A las 9 todavía no habían terminado de bajar el 5×12 y el 5×13, así que para mitigar la espera miré otras cosas. Nada me satisfacía. No voy a decir que me agarró una tremenda ansiedad mezclada con desesperación -eso sería faltar a la verdad… Eeeh…-, sino que las ganas… Ah, las ganas de ver una finale. Fringe es una de series que no entran en mi Top 5, pero tiene un lugar especial en mi corazón. Fui feliz por un ratito ante cada renovación, pero no analicé los glyphs ni conté cuántas veces salían los Observers. No veía la temporada anterior antes de cada nuevo inicio, aunque sí capítulos específicos. Y lo cierto es que voy a extrañar a Walter, a Peter y a Olivia, el gran universo rojo y los guiños constantes a X-Files. Fue la única serie digna de llamarse heredera de X-Files, y este honor se lo ganó a base de calidad, por supuesto, y porque ninguna otra había logrado conseguir que la mitología se fundiera de manera tan armónica con la historia principal. Quiero decir, por ejemplo, que Warehouse 13 tiene una fórmula similar pero no logra que empatice con los personajes de manera profunda. Sus historias no me llegan y la trama de fondo no termina de convencer. Fringe supo conmovernos sin llegar a la sensiblería barata, nos dio un universo (en realidad, dos) de seres y elementos que llegaron a buen puerto. Habrá personas que digan que no fue todo lo esperado, pero lo que importa al fin y al cabo es el viaje, y para mí fue un viaje buenísimo.
Sin más preámbulos: ¿qué pasó en la Finale digno de ser contado? Varias cosas.

Siempre supimos que September tenía una debilidad por la raza humana. Desde que nos enteramos que los Observers eran seres del futuro, su historia y su acontecer devino en algo primordial, de lo que no habíamos tenido pista segura hasta el momento. Los Observers (los 12 originales, sabemos ahora) miran pero no tocan, salvo al niño que es importante… ¿O era otro el niño importante? Que uno de ellos fuera clave en la devastación de su propia raza, porque ya no son humanos, son “otra cosa”, no es un concepto novedoso, pero en este sentido el recurso estuvo bien utilizado. No había rencor ni decepción detrás de sus acciones. September cambió porque cambiaron sus circunstancias, porque adquirió algo que no era plausible que adquiriera -sentimientos, un hijo, amor- y eso lo llevó a tomar determinaciones no esperadas de alguien como él. Y eso le costó el destierro, el cual aceptó de buena gana porque estaba convencido de que lo que estaba haciendo era lo cierto.


A la par de lo que sabíamos/no sabíamos de esos pelados de ojos claros, nuestros protagonistas fueron evolucionando. Todos y cada uno de ellos terminó siendo totalmente distinto a los que conociéramos en 2008. Y no solo porque casi todos tuvieron su doble en el universo rojo -qué lindo verlos de nuevo,
Olivia pelirroja, ¡Lincoln!-, sino porque uno de los aciertos de Fringe fue respetar la evolución natural de sus personajes. No importa ya que el reseteo de la línea temporal estuviera lleno de paradojas o que en realidad la historia debiera recomenzar en 1985 (aunque yo creo que no, porque haber borrado a Peter de la línea temporal original hizo que ese acontecimiento no existiera). No me voy a poner a analizar esto porque es un berenjenal terrible y porque carezco de los conocimientos necesarios para justificar mi posición. Lo importante es que supieron darle un final digno y lógico a cada uno.

Podría decir que la muerte de September/Donald me dolió, pero ¿qué mayor sacrificio que morir salvando la vida de un hijo? Ambos padres, September y Walter hicieron lo necesario con tal de obtener seguridad (uno) y felicidad (el otro) para sus hijos. Ya sabemos que Walter incluso traspasó barreras infranqueables con tal de tener a su Peter, y a su entender, ese viaje al futuro sin retorno es el precio a pagar por tal acción. No creo que así sea. No se trata de “karma is a bitch”, sino de una elección a conciencia, y como tal, despojada de los vaivenes del, por llamarlo de alguna manera, destino. Tal vez su destino era ese, pero nunca lo sabremos. Desde el momento en que el plan funciona, el destino puede ser modificado y ni siquiera la muerte es definitiva.

Me costó entender cuáles eran las intenciones de Michael, el que ahora parece era el verdadero “niño importante” (¿siempre lo fue? ¿jugarreta de guión sacada de la nada?). Su signo de silencio ante Olivia me costó un segundo visionado, no lograba comprenderlo y no sé si lo tengo del todo, pero ese chico Observer juega con cartas que nunca llegaremos siquiera a pispear. En Fringe cada reseteo deja a alguien con conocimiento de lo antes vivido. Antes fue ese Peter borrado que volvió en forma de fichas hasta que se “materializó”. Ahora es Olivia, quien ya habiendo obtenido lo que desea -evitar la muerte de Etta-, sabe lo que fue necesario para llegar a ese punto, 24 años atrás, en que los Observers no invaden a la humanidad en 2015.

Las despedidas fueron tiernas y emotivas, pero no pastosas de clichés ni sentimentalismos. La que más me gustó fue la Walter y Astrid. La relación entre ambos personajes puede ser que no tuviera la carga emocional de las demás, pero al fin y al cabo Astrid era la partner in crime de Walter. Para un científico, su compañero de laboratorio no es cualquier persona, y ese rol fue el de Astrid, aunque no limitado a eso. Fue su contención a todo nivel y por eso su despedida no fue una más. Que le dijera que su nombre era un hermoso nombre, después de haber pasado por Astro, Asteroid y quién sabe cuántos más (¿alguien los habrá recopilado?).

Sobre la carta de Walter a Peter: era no obvio, era recontra obvio que ahí adentro estaba el White Tulip. Un símbolo de esperanza, que no hace falta ya, porque todo es como debería, pero la esperanza no es necesaria solo cuando nos atacan los malos o cuando todo parece perdido. En la vida diaria nos pasan cosas que nos desalientan y parece que nada ya puede torcer el rumbo del barco. Cuando todo esta definitivamente mal, ese tulipán blanco estará allí, y verlo (o recordarlo) puede ayudar a que sintamos que aún cuando todo está en nuestra contra, algo o alguien puede darnos otra perspectiva y aliviar el malestar y la tristeza. Un amigo, una canción… Al menos eso significa para mí el White Tulip.
No voy a ponerme a comparar temporadas, porque creo que ahora es momento de disfrutar lo que nos dieron, que fue digno y hermoso. Fringe nunca intentó vendernos otra cosa que lo que fue: ciencia ficción con sentimientos. Siempre supimos que Walter tenía una megalomanía galopante de la que tomó demasiada conciencia, por lo que decidió remover pedacitos de su cerebro. Porque prefirió ser sensible antes que un hijo de puta. Porque prefirió amar a su hijo así, incompleto, que ser al 100% de sus capacidades (como Walternate). Porque tanto esfuerzo no tenía que ser en vano, y no lo fue. Supimos que ese Walter completo fue el que torturó (sí, torturó) a Olivia de chiquita, pero sabemos también que Olivia, sabiendo lo que ahora sabe -y siempre sabrá-, no dudaría un segundo en volver a pasar por todo con tal de recuperar a su hija. Ninguno de nuestros personajes dudaría un segundo en hacer lo que haga falta si el el fin es el que obtuvieron. Peter tampoco dudaría en subirse a la máquina y perderse en el olvido.
Creo que lo que nos dice Fringe es que nadie dudaría un instante, ni los personajes ni nosotros, si lo que hacemos es para estar con nuestros seres queridos el mayor tiempo posible, o para rescatarlos de la muerte o del olvido.
Fringe se fue y nos dejó una hermosa sensación. La voy a extrañar mucho.

@elledwards

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